domingo, 31 de mayo de 2015

Los psicópatas.Nacen o se hacen?

los-psicopatas-nacen-o-se-hacen


Si tomamos la lógica de Watson un paso más lejos, sería posible moldear a alguien para que se convirtiera en un psicópata. La psicopatía, también llamada sociopatía, se define como la falta de empatía, deshonestidad y completo egoísmo. En la actualidad se piensa que a pesar de que ciertos genes pueden predisponer a las personas a la psicopatía, su ambiente parece ser el verdadero catalizador. Por lo tanto, si una persona posee los genes específicos asociados con este padecimiento y se cría en un hogar abusivo o negligente, tendrá un mayor riesgo de presentar los rasgos asociados con el desorden.
Ya no soy yo mismo
Un trauma fuerte en ciertas regiones del cerebro puede hacer que una persona sufra cambios en la personalidad, como en el famoso caso de Phineas Gage. En 1848, mientras trabajaba como capataz en la construcción de vías de ferrocarril en Vermont, sufrió un grave accidente al que sobrevivió milagrosamente. Un largo tubo de acero atravesó su cráneo, dañando una gran parte de su lóbulo frontal izquierdo. A pesar de que no se convirtió en un sociópata, los efectos en su conducta y personalidad fueron tan profundos que sus amigos decían que ya no era el mismo


¿La maldad encarnada?

Un incidente ocurrido hace casi veinte años apoya la idea de que el trauma cerebral puede ocasionar comportamientos psicopáticos. En 1991, Phillip Garrido —un agresor sexual— secuestró a Jaycee Dugard — de 11 años— y la mantuvo prisionera durante 18 años. Además Garrido procreó dos hijas con Dugard, que dio a luz por primera vez cuando tenía 14 años.



Los expertos piensan que Garrido sufrió un fuerte daño cerebral después de un serio accidente en motocicleta cuando era adolescente, lo que se agravó con un intenso uso de drogas. El padre de Garrido dijo que Phillip había sido «un buen chico» de niño, pero que había cambiado radicalmente y se había vuelto inestable después del accidente.
¿Entonces qué?

En épocas recientes los neurólogos han identificado las áreas del cerebro que se relacionan con el comportamiento psicopático. Incluso un daño sutil en la amígdala, una región cerebral que ayuda a procesar nuestras emociones, puede explicar por qué los psicópatas actúan tan cruelmente y no pueden expresar emociones propiamente. La conducta psicopática también se asocia con lesiones en la corteza cerebral, que regula la memoria y la conciencia, así como en el lóbulo frontal, que es responsable del autocontrol y el juicio.

España reconoce como enfermedad la sensibilidad química múltiple



España ha reconocido oficialmente la sensibilidad química múltiple (SQM) al incorporarla a su Clasificación Internacional de Enfermedades o CIE (el sistema con el que la Sanidad clasifica y codifica sus diagnósticos). Con esta decisión, España se suma a la lista de países que reconocen la SQM como una enfermedad: Alemania (2000), Austria (2001), Japón (2009), Suiza (2010) o Dinamarca (2012).

El proceso se ha llevado a cabo a través de una Proposición no de Ley (PNL) presentada por la diputada María del Carmen Quintanilladel Partido Popular; tras una petición que le hizo llegar el Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental (Fodesman), con la colaboración del Servicio de Información sobre Sensibilidad Química Múltiple y Salud Ambiental (SISS).

El reconocimiento era una antigua reivindicación de los afectados por una enfermedad que convierte muchos de los productos químicos comunes en la vida diaria en un tormento para los afectados por la SQM.Detergentes, jabones, colonias o ambientadores se convierten para ellos en agresivos productos que les producen palpitaciones, vómitos, irritaciones en la piel o dolores de cabeza recurrentes. «La SQM cambia la vida de quienes la padecen y los obliga, en muchos casos, a vivir con innumerables medidas de prevención para no entrar en contacto, ni en el aire, con esos productos», asegura Carmen Quintanilla. Salir a la calle o entrar a una tienda pueden ser, para estas personas, tareas imposibles de realizar.
En un limbo administrativo

A este padecimiento se le añade además el del inadecuado trato que muchos de estos enfermos reciben por parte del sistema sanitario. Porque lo que no aparece en la CIE como enfermedad queda en un «limbo» administrativo que implica «una situación de completa indefensión. Algo que debería terminar con el reconocimiento de la SQM como enfermedad.

«La situación de estas personas es muy difícil», destaca Carlos de Prada, presidente del Fodesam. Su intolerancia a sustancias sintéticas frecuentemente empleadas en la sociedad les obliga con frecuencia a vivir confinados en su hogar, casi como "personas burbuja"; y a ponerse mascarilla las pocas veces que salen a la calle.

La SQM afecta al sistema nervioso central, pero también puede provocar disfunciones en otros sistemas como el respiratorio, el gastrointestinal o el cardíaco. Se trata de una «enfermedad emergente» de naturaleza crónica y «tóxico ambiental» que provoca una «respuesta fisiológica frente a multitud de agentes y compuestos químicos» que pueden encontrarse en ambientadores, colonias, productos de aseo personal, de limpieza, comida, agua del grifo, ropa, cosmética, tabaco… Por todo ello, aunque como en otras enfermedades la SQM tenga grados y sus síntomas varíen según los parámetros de salud y entorno «químico» del enfermo, es un problema de difícil manejo, que además «limita de forma muy notable la calidad de vida», observa la Proposición no de Ley.

UNA ENFERMEDAD RARA: NO PODER PARAR DE COMER




Quiza te resulte familiar porque en un capitulo de CSI hablaban de esta enfermedad, que hace que quien la padezca sea insaciable, y tenga que comer sin parar todo lo que pille. Jamas desaparece la sensacion de hambre atroz, y busca comida donde sea, utilizando engaños y trucos para conseguirla.



Es la eterna sensacion de hambre, el llamado sindrome de Prader-Willi. Es una enfermedad genetica, consistente en un defecto en el hipotalamo, que se traduce en eso, unas ganas enormes de comer, entre otros problemas.




En los últimos veinte años se ha avanzado mucho su diagnóstico precoz y tratamiento, que implica a varios especialistas. Pero fuera de las grandes ciudades aún hay casos que se diagnostican tardíamente.



Esta enfermedad afecta a un niño o niña de cada 15.000 nacidos. Y su consecuencia es un cuadro clínico caracterizado por un retraso mental leve asociado a distintos problemas físicos, entre los que destaca la falta de sensación de saciedad que provoca una hiperfagia (obsesión por comer).



Las personas afectadas por el síndrome de Prader-Willi tienen unas características que permiten sospechar de esta enfermedad en las primeras etapas de la vida: sus ojos son almendrados y su boca es pequeña, con el labio superior fino y las comisuras bucales hacia abajo. Y los varones pueden tener los testículos en el abdomen, sin que hayan descendido al escroto, lo que se conoce como criptorquidia. Junto a estos rasgos físicos, existen otras señales de alerta antes de nacer y durante el parto.



Los niños afectados experimentan un hambre voraz y son incapaces de controlarse ante la comida. «No se notan satisfechos porque tienen un fallo en el centro de saciedad del hipotálamo». Son insaciables, engullen todos los alimentos que reciben, buscan comida por doquier e, incluso, inventan estratagemas y engaños para obtenerla. Su conducta se altera por esta terrible necesidad de comida y es especial: «de pequeños son agradables, parlanchines, pero también muy tozudos y mienten para convencer y conseguir la comida», detalla.



El problema no acaba ahí. A la obsesión por comer hay que sumarle que tampoco queman calorías y tienen una baja estatura, lo que se traduce en una segura obesidad.



En las últimas dos décadas los avances en la comprensión del Prader-Willi han sido notables. Si existen criterios clínicos sugerentes de este síndrome, se puede aplicar un test diagnóstico para confirmarlo. De esta forma, la enfermedad se puede controlar antes, aunque no tiene tratamiento curativo, y la calidad y esperanza de vida se pueden mejora.

Amor platónico



¿Qué mejor expresión del amor romántico existe que la de amar contra viento y marea a una persona que sabemos que jamás nos va a corresponder? Y, al mismo tiempo, ¿acaso hay algo más deprimente que amar contra viento y marea a una persona que sabemos que jamás nos va a corresponder? Y aun así, pocos pueden presumir de no haberse visto atrapados en algún momento de sus vidas en ese tipo de callejones sin salida emocionales, agotadores y devastadores para el corazón y la mente. Por alguna razón, toda la educación emocional que hemos recibido no parece suficiente para evitarnos atravesar esta clase de calvarios. Y gran parte de culpa tiene el romanticismo y su defensa del sentimiento por encima de lo pragmático a la hora de conducirnos a estas situaciones.

Ya no se trata únicamente de que se sienta atracción hacia la gente equivocada (que al fin y al cabo puede presentar cualidades que nos resulten atractivas), sino que nos amargamos la vida persiguiendo a una persona que, por diversas razones –tiene pareja, no nos desea, o circunstancias externas la mantienen fuera de nuestro alcance– hacen imposible que comparta su vida con nosotros. Y, sin embargo, no podemos dejar de sentir esa irrefrenable atracción hacia ellas.

En teoría, este tipo de impulso amoroso entraría en contradicción con las visiones evolucionistas de las relaciones de pareja. Si, al fin y al cabo, el fin de toda relación es la conservación de la especie, resultaría muy poco adaptativo gastar tiempo y esfuerzo en intentar conquistar a compañeros que, por interesantes que puedan parecer, están inequívocamente fuera de nuestro alcance. Algo que entra también en contradicción con una de las razones por las que nos enamoramos a menudo que es, simple y llanamente (y por mucho que nos cueste reconocerlo) que nos hagan caso.

Dime cómo amas, te diré por qué huyes

¿Por qué nos enamoramos, en cualquier caso? El atractivo físico, la simpatía, la inteligencia de la otra persona influyen en un grado u otro, así como esos elementos intangibles (¡las hormonas!) que también determinan de quién caemos prendados y de quién no. En muchos casos, la llamada ansiedad afectiva juega un papel importante: aquellos que la sienten necesitan estar continuamente cerca de su objeto de deseo para reafirmarse, especialmente si su autoestima es baja. La negación de la posibilidad de dicha proximidad (física o emocional) haría que la ansiedad aumentase, incluso, como señalan los psicólogos Cindy Hazan y Philip R. Shaver, hasta niveles enfermizos, lo que aumentaría la necesidad de buscar esa satisfacción que sólo se obtiene mediantes la retroalimentación con la persona deseada.


Felicidad Interior Bruta: ¿El dinero da la felicidad?

"

El que diga que el dinero no puede comprar la felicidad es porque no sabe dónde ir de compras". Éste es un texto que se puede leer en muchas pegatinas y camisetas. Pero, ¿cuál es exactamente la relación entre dinero y felicidad?

Por un lado, la relación resulta obvia. Nadie puede negar que tener suficiente dinero para cubrir las necesidades básicas –alimentos, abrigo y vivienda- te hace más feliz, o al menos te libera del estrés que conlleva vivir bajo serias restricciones. Y cuanto más dinero tienes, más cosas que te proporcionan felicidad puedes comprar, ya sea el iPhone4, un coche nuevo o una bufanda de cachemir. Por otro lado, esos objetos materiales no suelen proporcionarnos la misma felicidad que, por ejemplo, pasar la mañana con tus hijos en la playa o mantener una buena conversación con un viejo amigo.

"La relación entre dinero y felicidad es complicada", dice Ed Diener, profesor emérito de Psicología en la Universidad de Illinois, que investiga sobre temas de cuantificación de la felicidad. "A igualdad de condiciones, tener más dinero siempre va a ser bueno. Pero aunque el dinero te puede hacer más feliz hay cosas que introducen complejidad en dicha correlación".

Efectivamente, tener más dinero nos hace más felices, pero la felicidad también depende de otras cosas, como vivir -o no- en un país económicamente avanzado, el modo en que gastas tu dinero, cómo comparas tu riqueza con la de los demás o qué importancia le concedes a tu tiempo.

domingo, 22 de febrero de 2015

Los niños son como esponjas


¿Por qué tiene miedo? - Imagen 1



Los niños son como esponjas que todo lo absorben y, si les proporcionamos miedos, los hacen suyos. De nada sirve descalificar a los miedosos. Por el contrario, conviene que se sientan aliviados por el adulto en momentos angustiosos. Hacer que los miedos desaparezcan no se consigue en dos días. Tampoco conviene culpabilizarlos con frases que les ponen en evidencia como: ¡Con lo grande que eres y tienes miedo!.


Hay ciertos miedos en los niños que son comprensibles, porque se dan tras experiencias traumáticas; por ejemplo, una hospitalización o una intervención médicas que le hayan marcado fuertemente (cada vez que vuelven a tomar contacto con ese ambiente, se angustian), o separaciones sin palabras (cuando sus padres lo dejan con otra persona es un recordatorio de aquel momento tan doloroso).

Pero existen otros temores que están determinados por la inseguridad en los vínculos afectivos. Son muy frecuentes, desgraciadamente, las desafortunadas amenazas de los padres para conseguir un comportamiento determinado en el niño. Cuando los padres se desesperan suelen aparecer frases como: "Te vamos a enviar a un internado", "Te quedarás solo en tu cuarto y no saldrás hasta que te portes bien".

Estas situaciones, lejos de ayudar, convierten el miedo en ansiedad. De este modo, se fortalecen los sentimientos de desamparo y abandono. Además, cuando los niños son muy pequeños, aún no pueden distinguir entre lo que se dice y lo que se hace. Entonces, la amenaza de abandono, por ejemplo, se convierte para ellos en una realidad. Cuando estas ideas y sentimientos tan extremos tienen valor de realidad, los miedos se generalizan.

El alcohol daña el cerebro adolescente


Los adolescentes han bebido alcohol durante siglos, pero el que hasta ahora había sido un debate social y moral podría no tardar en centrarse en la neurobiología. Los costes de un consumo elevado a una edad temprana parecen ir mucho más allá del tiempo que roba el alcohol a los deberes, el riesgo de peleas o accidentes y las dificultades que añade al crecimiento.



Cada vez más investigaciones indican que el alcohol provoca más daños al cerebro en desarrollo de los adolescentes de lo que se solía creer, y les causa unas lesiones significativamente mayores que al cerebro de los adultos.


La prueba más alarmante de daño físico proviene de experimentos de laboratorio con cerebros de ratas adolescentes sometidos a grandes cantidades de alcohol. Esos estudios observaron importantes daños celulares en el cerebro anterior y el hipocampo. Y, aunque no está claro hasta qué punto pueden aplicarse directamente esos hallazgos al ser humano, existen ciertas pruebas que indican que los alcohólicos jóvenes pueden sufrir déficit análogos. Por ejemplo, los estudios realizados durante los últimos ocho años por investigadores de San Diego descubrieron que los adolescentes alcohólicos obtienen malos resultados en pruebas de memoria verbal y no verbal, concentración y ejercicio de las habilidades espaciales, como las necesarias para leer un mapa o montar una estantería.